Cansahcab, cuyo nombre en maya evoca “El lugar de las Cuatro Cuevas de Tierra Blanca”, es un pueblo donde el andar diario se entreteje con leyendas viejas y costumbres vivas. Aunque sus orígenes se remontan al siglo XV, sus primeros recuerdos se hunden en la era prehispánica del cacicazgo de Ah Kin Chel; más tarde, con la conquista, pasó a formar parte del sistema de encomiendas y empezó a escribir su historia bajo nuevos nombres y reglas. Su gente creció cultivando henequén, participó en los movimientos independentistas y hoy conserva intacta su fe, visible en el exconvento de San Francisco de Asís y en la Capilla de la Santa Cruz, murallas de piedra que guardan el eco de oraciones de varias generaciones.
Pero lo que hace latir a Cansahcab es la cercanía con lo sagrado de su tierra: cuevas como Sahcab, Bohcchen, Aurora y Pozo, a las que solo unos pocos se atreven a asomarse. Se dice que esas cavernas son portales secretos, lar de leyendas vivas como la de la serpiente Tzukán. Al caminar por sus senderos, se siente que la tierra habla, que guarda vestigios del pasado cuando Ucán Ha y los antiguos sacbeob conectaban este lugar con otros sitios mayas, trazando calzadas que aún laten bajo nuestros pies.



