Oxkutzcab, la “huerta del estado”, es mucho más que su mercado rebosante de cítricos. En este rincón del sur de Yucatán, a 111 km de Mérida, la historia late en cada piedra, en cada noria y en cada calle donde todavía se escucha el maya yucateco. Fundado tras la caída del señorío de Mayapán por la familia Tutul Xiu, este pueblo conserva intacta la esencia de su origen: un lugar donde el ramón, el tabaco y la miel marcaron el pulso de la vida, y donde la cultura maya no es pasado, sino presente que respira en sus casas, en su gastronomía y en su gente.
Aquí, la modernidad convive con lo ancestral. Entre ex conventos, ermitas y la imponente estación de tren de los años 40, los habitantes siguen cuidando la tierra como lo hicieron sus abuelos, cultivando con orgullo las naranjas, limones, aguacates y mameyes que han hecho famoso al municipio. Las grutas de Loltún, las joyas arqueológicas de la Ruta Puuc y la Feria de la Naranja son testimonio vivo de un pueblo que recibe a quienes llegan con la calidez de una sonrisa y el aroma dulce de sus frutos.
Oxkutzcab no se ha dejado vencer por el olvido. Aunque muchos han partido en busca de oportunidades, la comunidad permanece unida, celebrando sus tradiciones y defendiendo el legado que heredaron de sus ancestros. Aquí, los pozos antiguos siguen dando agua, las manos siguen sembrando, y el amor por la tierra y la cultura maya se reafirma día a día. Visitar Oxkutzcab es caminar entre la historia y la vida, es entender que en Yucatán hay pueblos que, como este, llevan siglos demostrando que la herencia cultural es su mayor tesoro.



