En Mocochá late un corazón que habla en acordes y que se viste de tradición y esperanza. Ese corazón es el de Sergio Adrián Narváez Franco, un músico que no solo interpreta, sino que vive la trova como un legado ancestral. Para él, cada melodía es un puente entre nuestras raíces mayas y el amor que sostiene a las nuevas generaciones.
Con 40 años de vida dedicados a la música, Sergio inició sus estudios en un taller de Bellas Artes, aunque por corto tiempo, pero aquello bastó para marcar su camino. Más adelante continuó de manera particular, profundizando en la armonía aplicada a la guitarra, disciplina que hasta hoy lo acompaña y lo impulsa.
Su principal motor no es la fama ni los escenarios, sino el acto noble de enseñar y compartir lo que sabe. Por eso, además de dar clases particulares, actualmente imparte talleres de guitarra en el Ayuntamiento de Conkal, donde siembra en niñas, niños, jóvenes y adultos la pasión por las cuerdas y el orgullo de la trova yucateca. Hoy, acompañado de los Mensajeros de Ixil, deja en claro que incluso las voces más jóvenes pueden descubrir en la música el eco de nuestros abuelos y la fuerza de la memoria colectiva.
Pero su voz y su guitarra también recorren escenarios con el Trío Semejanza, agrupación con la que mantiene viva la tradición bohemia y la trova romántica que distingue a Yucatán. Cuando Sergio canta y enseña, deja de ser solo él: se transforma en un trovador andante, un guardián de historias que atraviesan generaciones. En su voz se expresan siglos de sentimientos, y en cada acorde entrega no solo música, sino un pedazo de su alma.
La trova, para él, no ha perdido vigencia: sigue siendo el motor que lo impulsa y la llama que enciende corazones. ![]()
En Yucatán, hombres como Sergio Adrián Narváez Franco nos recuerdan que la música no es un oficio, sino un destino, una herencia y una luz que se comparte.



