Desde su natal Akil, Felipe de la Cruz ha recorrido un camino de cincuenta años cargado de melodía, sentimiento y raíces profundas. Con una guitarra en mano, aprendió piano y órgano popular, y fundó su voz en los coros y composiciones del grupo Los Auténticos —una etapa que dejó 13 discos grabados, y dio paso a su propio vuelo como trovador. Hoy, sus canciones laten en interpretaciones de grandes artistas como Guadalupe Pineda, Pepe Aguilar y Carlos Cuevas, flotando con orgullo desde el corazón del Mayab hacia todos los rincones del país.
Su entrega fue reconocida con la Medalla “Silvio Zavala a la Cultura y las Artes” 2025, un homenaje que honró su labor como compositor, intérprete, maestro y promotor de jóvenes talentos en Mérida. No hay lienzo que cuente mejor esa historia que el óleo que vela en el Museo de la Canción Yucateca desde 2012, ni aplauso que se compare con los ecos de la trova que canta en su honor.



