#YucatanEsHenequenero Seyé, tierra de jarana, fe y legado henequenero

En el corazón del Mayab, Seyé guarda un legado que atraviesa siglos. Su nombre, que en lengua maya significa “escalera pequeña”, es apenas la antesala de todo lo que representa: un pueblo que fue parte del antiguo cacicazgo de Hocabá–Homún, que conoció el régimen de encomiendas en la Colonia y que durante la Guerra de Castas se levantó con dignidad. No por nada, en 1878 la memoria de su soldado Andrés Lope le dio por un tiempo el nombre de “Seyé de Lope”, un recordatorio del carácter y la fuerza de su gente.

Aquí, la historia convive con las tradiciones que nunca mueren. La Parroquia de San Bartolomé Apóstol, con su imponente fachada de dos torres, es el corazón del pueblo y cada agosto se convierte en escenario de jarana, vaquerías y fe comunitaria. Sus casonas de piedra y el Palacio Municipal evocan el paso de los siglos, mientras las viejas haciendas henequeneras como Verna, Xcehus, Macal y Santo Domingo se levantan como testigos del auge verde que marcó a Yucatán.

Pero Seyé no es solo pasado: es presente y futuro enraizado en el Anillo de Cenotes, esa joya natural que alimenta no solo el acuífero sino la identidad de la región. En sus calles todavía se respira la memoria de los abuelos, el orgullo de las mujeres y hombres que siguen bailando la jarana como si el tiempo se detuviera. Un pueblo que no necesita reflectores porque brilla con su propia luz: la de la cultura, la historia y la fe que lo hacen eterno.